1. El ordenado obsesivo
Se identifica fácilmente en la primera visita: la cocina tiene los tuppers organizados por tamaño, hay un sistema de limpieza codificado por colores en el baño, y te explicará durante diez minutos el protocolo del fregadero.
Con quién convive bien: Con otro ordenado, o con alguien suficientemente organizado como para respetar el sistema sin cuestionarlo.
Con quién choca: Con el desastre funcional (tipo 3). El conflicto más frecuente no es que uno sea sucio — es que tienen estándares distintos sobre qué significa "limpio".
Lo que no se ve a primera vista: El ordenado obsesivo puede ser perfectamente razonable si se siente escuchado. El problema aparece cuando interpreta cualquier desorden puntual como una declaración de hostilidad.
